Emigrantes en Mexico; el alto precio de la tierra

Secuestros, violaciones, robos o palizas son parte del alto precio que muchos emigrantes centroamericanos han de pagar al atravesar México con destino a Estados Unidos, la tierra prometida.
Cada año, unas 140.000 personas, según cifras del Instituto Nacional de Migración mexicano, cruzan la frontera sur del país procedentes de Centroamérica con un objetivo principal: llegar a Estados Unidos para iniciar una nueva vida.
Más de la mitad lo logra, eso sí, a cambio de cargar en sus maletas desagradables sucesos que difícilmente podrán olvidar. Otros, aproximadamente uno de cada diez, se quedan en el camino y dejan sus vidas en el intento.
Su situación de ilegales, inexistentes en México, les hace ser carne de cañón para delincuentes sin escrúpulos que no les importa aprovecharse de lo poco que tienen, y también de lo que no tienen.
Las bandas de delincuencia organizada han encontrado la fórmula del Èxito, secuestrar a los emigrantes y extorsionar a sus familiares que estén en Estados Unidos, pues ya han comprobado que para los latinoamericanos es más valiosa la vida de una persona que los pocos ahorros que puedan tener.
Unos 1.600 emigrantes son secuestrados cada mes en México, según un informe presentado recientemente por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), delitos que mueven anualmente unos 50 millones de dólares y que en numerosas ocasiones cuentan con la complicidad de las autoridades.
AYUDAR SIN
MIEDO A NADA.
Una de las personas que ayuda a estos emigrantes es el padre Alejandro Solalinde, que dirige la casa del emigrante Hermanos en el Camino, de Ciudad Ixtepec (Oaxaca, suroeste de México), un punto clave de paso donde convergen los que vienen del Pacífico y los del Golfo de México.
En una entrevista a Efe, explicó que lo primero que hace es acudir a los sitios donde hay emigrantes, como son las estaciones de tren, para contarles la existencia de estos albergues.
Quienes acuden a la casa, unas 4.000 personas al mes, reciben atención médica y, si han sido violentados de algún modo, se les ayuda a poner una denuncia para poder iniciar su regulación migratoria.
Cuando una persona extranjera denuncia un delito sufrido en México, puede obtener una visa humanitaria que le da derecho a quedarse en el país el tiempo necesario para que se solucione el conflicto, tiempo que utilizan muchos emigrantes para solicitar su permiso de trabajo.
"Ayudamos a los emigrantes a denunciar, se les da protección, hacemos cosas que no nos corresponden porque no tenemos que ir de detectives, pero es lo que hay que hacer ante la impunidad existente", apuntó el padre Solalinde.
Además de ayudarlos los aleccionan, les explican dónde secuestran y les cuentan de la complicidad de la policía con los delincuentes.
Actualmente las autoridades de Migración tienen prohibido realizar operativos contra los emigrantes."Antes los detenían de manera inadecuada, atropellando sus derechos humanos porque las autoridades no estaban preparadas para tratar a emigrantes, que son personas en situación regular, no delincuentes, y por ello hubo que suspenderlos", explicó el religioso.
En su opinión, debe haber una reforma migratoria integral tripartita entre Estados Unidos, México y Centroamérica para que pueda haber un tráfico legal de personas entre los países.
En el desempeño de su trabajo, el padre Solalinde sufre constantes amenazas, arriesga su vida por sus dos amores, Jesucristo y los seres humanos.
"Tengo miedo como todo ser humano pero no es miedo a la muerte, sino a no cumplir con la misión que me ha encomendado alguien que dio la vida por mí", aseguró.
A pesar de las amenazas e inconvenientes de su trabajo, el religioso lo tiene claro: no va a dar un paso atrás, seguiá defendiendo hasta el fin de sus días los derechos de esa gente cuyo único delito cometido es buscar un futuro mejor.