Juanes paso por La Habana como un regalo

Hasta el cielo se congració con Juanes cuando, tras un tremendo día de sol, desmayos y deshidrataciones, una nube se posó entre cielo y tierra y permitió que el final de la fiesta de "Paz sin fronteras" fuera apoteósico.
Juanes no se lo podía creer: un millón de cubanos que nunca tienen derecho a ver a las estrellas internacionales bailaban "A Dios le pido" en pleno delirio y coreaban su nombre con "te quieros" y "gracias".
"Estaba muy emocionado, tuve que hacer ejercicios de respiración para poder cantar, de tanta emoción y alegría que sentía, después de todo lo que nos costó haber llegado aquí", dijo más tarde Juanes para explicar las lágrimas que todo el mundo pudo verle en los ojos.
El concierto salió perfecto: es cierto que el régimen comunista cubano tiene la experiencia de mover ingentes masas de personas, pero lo de ayer fue especial, fue diferente, porque la asistencia fue sincera y espontánea y porque en ningún momento las autoridades quisieron sacar provecho político del acto.
Los cantantes internacionales cumplieron con su palabra y no lanzaron consignas políticas de apoyo ni de condena al régimen cubano; y los cantantes cubanos, algunos de ellos muy identificados con el régimen, como el cantautor Silvio Rodríguez, tampoco hicieron nada más que cantar, eligiendo además canciones "apolíticas".
El público habanero no estaba para tantos matices: solo vinieron a gozar de la música y a olvidar sus problemas cotidianos, exactamente igual que el público de cualquier parte del mundo.
En esta isla las visita de estrellas internacionales son rarísimas, y muchas veces el cubano ni se entera porque el famoso en cuestión se limita a viajar a las privilegiadas playas de los Cayos del norte sin cantar, bailar o actuar.
Por eso ver a Juanes, a Olga Tañón y a Miguel Bosé (los más populares entre los cubanos), y además "de gratis", como dicen en Cuba, fue un auténtico regalo en esta isla que, por azares de la geopolítica y la economía se encuentra doblemente aislada y por tanto excluida del resto del mundo.
"Soy cubano y estoy orgulloso de este día. Aguanté aquí tremendo calor, pero esto es histórico, pa contarle a mis hijos", comentaba Joel, un mecánico de 23 años.
“NOS HA DEVUELTO
DIGNIDAD”.
Cuando Juanes y su heterogénea compañías de rockeros, salseros, baladistas y raperos salieron juntos al final del concierto al escenario, muchas personas, arriba y abajo, tenían las lágrimas en los ojos.
Todos juntos se pusieron a cantar "De altos cerros voy para Mayarí", la canción de Compay Segundo que ha dado la vuelta al mundo, y el público coreó con ellos olvidándose del calor, la sed y la fatiga. Estaban viviendo un sueño.
"Juanes nos ha devuelto dignidad. Nos dio un concierto internacional; a mí al menos me hizo feliz", comentó la maestra Rosario, de 43 años, que disfrutó de la música tanto o más que sus tres hijos adolescentes.
Lo cierto es que personas de la edad de Rosario eran raras entre el público, compuesto principalmente por la muchachada habanera y la de toda la isla, que llegó en las horas previas subidos en guaguas llegadas desde oriente y occidente.
Y todos respondieron generosos al llamado de Juanes: el colombiano famoso por su "camisa negra" había pedido al público asistir con prendas blancas, y frente a él pudo ver un mar de camisetas, viseras y camisas blancas que aguantaron imperturbables las cinco horas largas de concierto.
Las ambulancias no daban abasto, lo mismo que las carpas de la Cruz Roja donde se reanimaba a los desmayados y deshidratados, pues el tremendo calor cercano a los 35 grados unido a la presión de la masa convirtieron la explanada en un hervidero.
Solo la visita de Juan Pablo II en 1998, que también congregó a casi un millón de cubanos, es recordada con una intensidad similar en esta isla, pues como en esta ocasión, fue una concentración que, como pocas, escapaba a la organización del gobierno y fue la sincera expresión de todo un pueblo.
Nadie se engaña ni cree que este concierto cambiará las cosas en la isla ni moverá a un régimen de tiempos lentos. Así debe entenderse la insistencia de los artistas en el mensaje apolítico del concierto: fue simplemente un regalo al pueblo cubano que respondió con una tremenda dosis de cariño.