Viaje al espacio

Centenares de aspirantes a cosmonautas, empezando por Yuri Gagarin, el pionero de la conquista del espacio, han pasado por el Centro de Adiestramiento de Cosmonautas "Yuri Gagarin", desde su fundación en 1960. Situado a 25 kilómetros al noroeste de Moscó, su ubicación fue durante decenios secreto militar y ahora un lugar para obtener el billete turístico al espacio, modalidad en que se ha especializado la Agencia Espacial Rusa.
La ampliación a partir de este año de la misión permanente en la Estación Espacial Internacional (EEI) de tres a seis tripulantes ha sido recibida como una bendición del cielo en la Ciudad de la Estrellas, la sede del Centro de Adiestramiento de Cosmonautas ‘Yuri Gagarin’, cuyos alumnos verán ahora reducido a la mitad, de diez a cinco años, el tiempo de espera para cumplir su sueño de ocupar un lugar en una nave que los lleve al espacio.
‘Desde este año vamos a enviar a la EEI cuatro naves Soyuz, por lo que la fila avanzará mucho más rápido’, declaró en rueda de prensa el jefe adjunto del Centro Gagarin, Yuri Guidzenko, al referirse a los aspirantes a cosmonautas que esperan su turno para volar al espacio.
Hasta ahora, los miembros del destacamento de cosmonautas necesitaban, además de un salud de hierro, un mínimo de diez años de durísimos entrenamientos para tener sólo la oportunidad, que no la garantía, de orbitar la Tierra a una altura de cerca de 400 kilómetros: sólo la mitad de los aspirantes que han completado el curso de cosmonauta ha conseguido su objetivo.
UNA IRANÍ, LA PRIMERA MUJER EN VOLAR AL ESPACIO POR SU BOLSILLO.
El pago del billete turístico al espacio, modalidad que la Agencia Espacial Rusa ha desarrollado para aumentar su financiación, tampoco es una garantía de vuelo: el empresario japonés Daisuke Enomoto, aspirante a turista espacial, tras casi un año de adiestramiento, tuvo que apearse de la aventura a última hora por problemas de salud. Su butaca en la Soyuz TM-9 fue ocupada por la multimillonaria estadounidense de origen iran Anousha Ansari, que se convirtió en la primera y, hasta ahora, la única mujer que ha volado al espacio con cargo a su propio bolsillo.
Centenares de aspirantes a cosmonautas, empezando por Yuri Gagarin, el pionero de la conquista del espacio, han pasado por el Centro desde su fundación en 1960 por orden del entonces comandante en jefe de la Fuerza Aérea de la Unión Soviética, mariscal Vladímir Vershinin.
Está situado a escasos 25 kilómetros al noroeste de Moscó y su ubicación fue durante decenios uno de los secretos militares mejor guardados. "Se eligió un lugar boscoso y todas las edificaciones eran de una sola planta. Todo esto, para guardar en estricto secreto la naturaleza de las instalaciones", narra Marina Drigo, oficial de la Fuerza Aérea de Rusia, que hace de guía en las excursiones que para nacionales y extranjeros ofrece actualmente el Centro Gagarin.
Los visitantes pueden acceder a los hangares donde se encuentran los simuladores en los que se entrenan los futuros viajeros espaciales. A diferencia de los pilotos de naves aéreas, los cosmonautas no realizan vuelos espaciales de instrucción. Todas sus habilidades y conocimientos son puestos a prueba en las réplicas de naves y estaciones espaciales, lo que explica la intensidad y el rigor de los entrenamientos.
‘DESCALZARSE
ANTES DE ENTRAR’.
"Descalzarse antes de entrar", reza la leyenda en tres idiomas -ruso, inglés y alemán- en lo alto de la escalerilla que conduce a la réplica de la nave Soyuz TMA, donde tres aspirantes a cosmonautas, enfundados en escafandras y manuales en mano, realizan un simulacro de una emergencia a bordo -un incendio, explica Drigo- sin siquiera inmutarse por los destellos de los flashes de las cámaras fotográficas de los visitantes que se esfuerzan por captar imágenes del entrenamiento. Desde una habitación contigua, dos ingenieros siguen atentamente los movimientos de los aspirantes en varios monitores.
La elevada humedad es lo primero que percibe el visitante al entrar en una de las principales instalaciones del Centro: el hidrolaboratorio, una gran piscina en la que se encuentra sumergida una réplica de un segmento de una nave espacial y que es empleada como simulador de condiciones de ingravidez y para los trabajos en el exterior de la EEI. Según los expertos del Centro, los futuros viajeros espaciales pierden hasta cuatro kilogramos de peso, uno por hora, en cada pr·ctica. Hombres rana supervisan los movimientos de los aspirantes, que emplean en el ejercicio las mismas escafandras que se usan en las caminatas espaciales y que pesan cerca de cien kilogramos.
El museo del Centro alberga una réplica de la mítica estación orbital Mir, de 137 toneladas, que permaneció más de 15 años en órbita antes de ser hundida en el océano Pacífico el 23 de marzo de 2001. Las prácticas de los futuros tripulantes de la EEI se realizan en una copia tamaño natural del módulo ruso Zvezdá de la plataforma orbital internacional.