# 1 en Kansas City

Inventores del futuro




La Escuela Argentina de Inventores es un proyecto pedaggico único en el mundo que estimula a niños y adolescentes a desarrollar un "pensamiento inventivo". De sus aulas han surgido curiosos inventos, muchos de los cuales se comercializan con gran éxito.

No se trata de un personaje extravagante ni despistado, calificativos que el imaginario colectivo bien podría atribuir a un inventor, aunque lleve "el laboratorio puesto", como suele decir, por su innata capacidad para detectar y convertir problemas técnicos en oportunidades comerciales.

Eduardo Fernández nació en Buenos Aires en 1954 y desde hace 20 años dirige la Escuela Argentina de Inventores, un proyecto único en el mundo y por cuyas aulas han desfilado más de 700 alumnos.

ESTIMULAR EL
‘PENSAMIENTO INVENTIVO’.

También explica que la intención no es "enseñar a inventar", sino estimular a los alumnos a que desarrollen un "pensamiento inventivo", al que define como el "corazón del mecanismo de supervivencia" que ha permitido a la humanidad evolucionar y desarrollarse hasta estos días.

"Todo se originó en 1980, cuando organicé un taller de 'Heurística' (el arte de la invención) fuera del horario de clases en el colegio secundario de la provincia de Buenos Aires en el que trabajaba", recuerda Fernández.

"Durante las clases se planteaban problemas técnicos específicos y se discutían las estrategias y opciones para resolverlos. Se dibujaba, se modelaba y se probaban los resultados. Casi diez años después sistematicé este modelo pedagógico y asÌ le di forma a la iniciativa", añade.

En ese momento ingresó en el proyecto Mariana Biro, hija del hángaro nacionalizado argentino Ladislao Biro, el creador del bolígrafo, quien ofreció las aulas de su institución para que los sábados comenzaran las clases de la Escuela Argentina de Inventores.

Desde entonces, niños y adolescentes de entre 6 y 16 años, un 80 por ciento de varones y un 20 por ciento de mujeres, han seguido las consignas planteadas por Fernández y su equipo de colaboradores.

‘Los más destacados han demostrado ser altamente curiosos y creativos, independientes, sensibles e inconformistas con lo ya establecido, además de tener facilidad para dibujar y expresarse de forma oral y escrita, aunque al mismo tiempo han evidenciado dificultades para adaptarse a la escuela tradicional", precisa el inventor a la hora de detallar el perfil de sus alumnos.

DESARMAR NO ES ROMPER.

Las clases comienzan con una ronda en la que el "facilitador", que coordina las actividades, establece durante 20 minutos un puñado de consignas básicas: "donde hay un problema hay una oportunidad de cambio positivo", "el mejor invento es el próximo", "inventar es resolverle problemas a la gente", "los inventores generan trabajo" y "desarmar no es romper", entre otras.

En las siguientes dos horas se estimula a los alumnos a que desarmen aparatos tan distintos como televisores, ventiladores, impresoras u ordenadores, con una simple explicación previa, cuando preguntan, de cómo funcionan y para qué sirven sus mecanismos.

"Ahí se les invita a que los mejoren o a que inventen a partir de ellos", comenta Fernández antes de explicar que las clases no concluyen hasta que los alumnos presentan y discuten con sus pares lo que han ideado.

Si bien la metodologÌa y el ambiente es el mismo para todos los jóvenes, los más avanzados tienen la posibilidad de usar ordenadores para diseñar sus proyectos, de entrevistarse con inventores profesionales, o bien de visitar la Oficina nacional de Patentes.

Los alumnos no reciben títulos ni certificados al concluir el curso, pero en el "Día Nacional del Inventor", que se celebra cada 29 de septiembre en homenaje al nacimiento de Ladislao Biro, se les entregan libros, diplomas y trofeos.

"Aunque desde hace tiempo se reconoce que está en la naturaleza humana el aprender creativamente, en las escuelas tradicionales se insiste con la enseñanza a través de la autoridad, las jerarquías, la memorización, los programas, los contenidos y las divisiones por género y edad", opina Fernández.